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YOLOCAMBA I TA La rebelión de la siembra. 1975 - 2004 Música de El Salvador.

chunches, volados y dilindijes

volado 3 (entre Sandburg y Mariátegui)

CHICAGO

 

TOCINERO del Mundo,

Fabricante de Herramientas, Estibador de Trigo,

Jugador de Ferrocarriles y Faquín de la Nación...

¡Tempestuosa, robusta, vocinglera

Ciudad de Anchos Hombros!

 

Me dicen que eres perversa y lo creo, porque he

visto, bajo los faroles de gas, a tus mujeres pintadas

al acecho de jóvenes granjeros.

 

Me dicen que eres falsa, y yo contesto: Sí, es verdad,

porque he visto a los pistoleros matar

y luego ser puestos en libertad para que sigan matando.

 

Me dicen que eres brutal, y yo contesto: He visto

el estigma del hambre en rostros de mujeres y niños.

 

Y una vez contestado esto, me vuelvo hacia aquellos

que se mofan de mi ciudad y, después

de devolverles la mofa, les digo:

 

Acercaos y mostradme alguna otra ciudad que cante,

con la cabeza tan erguida, su orgullo de vivir,

y que sea tan soez, fuerte y graciosa.

 

Lanzando magnéticas blasfemias mientras se entrega

a sus faenas, he aquí un alto y audaz muchacho

asentado vívidamente contra las blandas y pequeñas ciudades;

 

fiero y sacando la lengua como un perro acometedor,

astuto como un salvaje en lucha contra

el desierto,

destocado,

paleando,

demoliendo,

planeando,

construyendo, hundiendo, reconstruyendo.

 

Bajo el humo, con polvo en la boca, riendo con

sus blancos dientes,

 

bajo el terrible fardo del destino, riendo como ríe

un muchacho,

 

riendo como ríe un ignorante luchador que no ha

perdido nunca un combate,

 

fanfarroneando y riendo porque en su muñeca

late el pulso y bajo sus costillas se mueve el

corazón del pueblo,

¡Riendo!

 

Riendo con la tempestuosa, ruda y fuerte risa de

la Juventud, medio desnudo y sudando, orgulloso

de ser el Tocinero del Mundo, el Fabricante de

Herramientas, el Estibador de Trigo, el Jugador

de Ferrocarriles y el Faquín de la Nación.

 

 

NEGRO

 

SOY el negro.

Cantante de canciones,

bailarín...

Más blando que el algodón...

Más duro que la oscura tierra

en los caminos batidos por el sol

por los pies descalzos de los esclavos...

Espuma de dientes... estrépito de risa...

rojo amor de la sangre de la mujer,

blanco amor de los negritos saltarines...

perezoso amor del rasgueo del banjo...

Sudando y arrastrado por el jornal a la cosecha,

riendo a carcajadas, con manos como jamones,

puños endurecidos en los mangos,

sonriendo con los ensueños de las viejas selvas,

loco como el sol y el rocío y chorreando,

            palpitante vida de la selva,

cavilando y murmurando con recuerdos de grilletes:

            Soy el negro.

            Miradme.

            Soy el negro.

 

 

TIERRA DE GRACIA

 

TUMBA de un millonario,

un multimillonario, damas y caballeros,

lugar del muerto donde gastan todos los años

la usura de veinticinco mil dólares

            para el cuidado y las flores

que mantienen fresca la memoria del muerto.

El príncipe mercader convertido en polvo

ordenó en su última voluntad escrita

sobre el nombre y la rúbrica de su testamento

que veinticinco mil dólares fueran puestos de lado

para rosas, lilas, hortensias, tulipanes,

para perfume y color, dulzura y remembranza

en su último largo hogar.

 

(Cien muchachas cajeras quieren monedas para ir

al cine esta noche.

A1 fondo de cien cantinas hay mujeres en las mesas

bebiendo con hombres o esperando a los hombres

en cuyos bolsillos tintinean dólares de plata. En cien

habitaciones amuebladas hay una muchacha que vende

seda o vestidos o artículos de cuero por un sueldo de

seis dólares semanales y cuando por la mañana se pone

las medias no le importan Dios ni los diarios ni la Policía,

ni las habladurías de su pueblo natal ni el nombre que le

da la gente.)

 

 

 

MASAS

 

VAGUÉ por las montañas y vi la niebla azul y el

despeñadero rojo, y me asombré;

en la playa donde maniobra el largo impulso bajo

la marea infinita, permanecí silencioso;

bajo las estrellas, en la pradera, contemplando la

Osa Mayor que se inclinaba sobre la hierba del

horizonte, estuve lleno de pensamientos.

Grandes hombres, desfiles de guerra y trabajo, soldados

y obreros, madres que levantan a sus hijos

-a todos toqué y sentí su solemne estremecimiento.

Y luego un día miré bien a los Pobres, millones

de Pobres, pacientes y esforzándose; más pacientes

que los despeñaderos, las mareas y las estrellas;

innumerables, pacientes como la oscuridad de la noche

-y todos destruidos, humildes ruinas de naciones.

 

 

YO SOY EL PUEBLO, LA CHUSMA...

 

YO soy el Pueblo, la chusma, la multitud, la masa.

¿Sabéis que todas las grandes obras que existen

en el mundo las he hecho yo?

Soy el obrero, el inventor, el que fabrica los ali­mentos

y los vestidos del mundo.

Soy el público de la Historia. Los Napoleones y los

Lincolns han salido de mí. Ellos mueren.

Y en­tonces yo mando a buscar más Napoleones y Lincolns.

Soy la semilla de la tierra. Soy una pradera que

soportará muchas labranzas. Terribles tempesta­des pasan sobre mí.

Yo olvido. Lo mejor de mí es chupado y consumido. Yo olvido.

Todo me­nos la Muerte se acerca a mí, me hace

traba­jar y renuncia a lo que tengo. Y yo olvido.

A veces gruño, sacudo mi cuerpo y esparzo algu­nas

gotas rojas para que la Historia recuerde. Luego me olvido.

Cuando yo, el Pueblo, aprenda a recordar; cuando yo,

el Pueblo, aproveche las lecciones de ayer y no me

olvide de quien me robó el año pasado o me tomó

por tonto... no habrá entonces en el mundo

ningún orador que diga: «El Pueblo» con un acento de

burla en la voz o sonriendo despreciativamente.

La Chusma, la multitud, la masa... entonces llegará.

 

 

 

 

           

 

 

                   5 poemas de Carl Sandburg

José Carlos Mariátegui

EL IBERO-AMERICANISMO Y

PAN-AMERICANISMO

El ibero-americanismo reaparece, en forma esporádica, en los debates de España y de la América española. Es un ideal o un tema que, de vez en vez, ocupa el diálogo de los intelectuales del idioma. (Me parece que no se puede llamarlos, en verdad, los intelectuales de la raza.)

Pero ahora, la discusión tiene más extensión y más intensidad. En la prensa de Madrid, los tópicos del ibero-americanismo adquieren, actualmente, un interés conspícuo. El movimiento de aproximación o de coordinación de las fuerzas intelectuales ibero-americanas, gestionado y propugnado por algunos núcleos de escritores de nuestra América, otorga en estos días, a esos tópicos, un valor concreto y relieve nuevo.

Esta vez la discusión repudia en muchos casos, ignora al menos en otros, el ibero-americanismo de protocolo. (Ibero-americanismo oficial de don Alfonso, se encarna en la borbónica y decorativa estupidez de un infante, en la cortesana mediocridad de un Francos Rodríguez.) El ibero-americanismo se desnuda, en el diálogo de los intelectuales libres, de todo ornamento diplomático. Nos revela así su realidad como ideal de la mayoría de los representantes de la inteligencia y de la cultura de España y de la América indo-ibera.

El pan-americanismo, en tanto, no goza del favor de los intelectuales. No cuenta, en esta abstracta e inorgánica categoría, con adhesiones estimables y sensibles. Cuenta sólo con algunas simpatías larvadas. Su existencia es exclusivamente diplomática. La más lerda perspicacia descubre fácilmente en el pan-americanismo una túnica del imperialismo norteamericano. El pan-americanismo no se manifiesta como un ideal del Continente; se manifiesta, más bien, inequívocamente, como un ideal natural del Imperio yanqui. (Antes de una gran Democracia, como les gusta calificarlos a sus apologistas de estas latitudes, los Estados Unidos constituyen un gran Imperio.) Pero, el pan-americanismo ejerce -a pesar de todo esto o, mejor, precisamente por todo esto una influencia vigorosa en la América indo-ibera. La política norteamericana no se preocupa demasiado de hacer pasar como un ideal del Continente el ideal del Imperio. No le hace tampoco mucha falta el consenso de los intelectuales. El panamericanismo borda su propaganda sobre una sólida malla de intereses. El capital yanqui invade la América indoibera. Las vías de tráfico comercial pan-americano son las vías de esta expansión. La moneda, la técnica, las máquinas y las mercaderías norteamericanas predominan más cada día en la economía de las naciones del Centro y Sur. Puede muy bien, pues, el Imperio del Norte sonreírse de una teórica independencia de la inteligencia y del espíritu de la América indo-española. Los intereses económicos y políticos le asegurarán, poco a poco, la adhesión, o al menos la sumisión, de la mayor parte de los intelectuales. Entre tanto, le bastan para las paradas del pan-americanismo los profesores y los funcionarios que consigue movilizarle la Unión Pan-Americana de Mr. Rowe.

II

Nada resulta más inútil, por tanto, que entretenerse en platónicas confrontaciones entre el ideal ibero-americano y el ideal pan-americano. De poco le sirve al ibero-americanismo el número y la calidad de las adhesiones intelectuales. De menos todavía le sirve la elocuencia de sus literatos. Mientras el ibero-americanismo se apoya en los sentimientos y las tradiciones, el pan-americanismo se apoya en los intereses y los negocios. La burguesía iberoamericana tiene mucho más que aprender en la escuela del nuevo Imperio yanqui que en la escuela de la vieja nación española. El modelo yanqui, el estilo yanqui, se propagan en la América indo-ibérica, en tanto que la herencia española se consume y se pierde. El hacendado, el banquero, el rentista de la América española miran mucho más atentamente a Nueva York que a Madrid. El curso del dólar les interesa mil veces más que el pensamiento de Unamuno y que La Revista de Occidente de Ortega y Gasset. A esta gente que gobierna la economía y, por ende, la política de la América del Centro y del Sur, el ideal ibero-americanista le importa poquísimo. En el mejor de los casos se siente dispuesta a desposarlo juntamente con el ideal pan-americanista. Los agentes viajeros del pan-americanismo le parecen, por otra parte, más eficaces, aunque menos pintorescos, que los agentes viajeros -infantes académicos- del ibero-americanismo oficial, que es el único que un burgués prudente puede tomar en serio.

III

La nueva generación hispano-americana debe definir neta y exactamente el sentido de su oposición a los Estados Unidos. Debe declararse adversaria del Imperio de Dawes y de Morgan; no del pueblo ni del hombre norteamericanos. La historia de la cultura norteamericana nos ofrece muchos nobles casos de independencia de la inteligencia y del espíritu. Roosevelt es el depositario del espíritu del Imperio; pero Thoreau es el depositario del espíritu de la humanidad. Henry Thoreau, que en esta época, recibe el homenaje de los revolucionarios de Europa, tiene también derecho a la devoción de los revolucionarios de Nuestra América. ¿Es culpa de los Estados Unidos si los iberoamericanos conocemos más el pensamiento de Theodore Roosevelt que el de Henry Thoreau? Los Estados Unidos son ciertamente la patria de Pierpont Morgan y de Henry Ford; pero son también la patria de Ralph-Waldo Emerson, de Williams James y de Walt Withman. La nación que ha producido los más grandes capitanes del industrialismo, ha producido asimismo los más fuertes maestros del idealismo continental. Y hoy la misma inquietud que agita a la vanguardia de la América Española mueve a la vanguardia de la América del Norte. Los problemas de la nueva generación hispano-americana son, con variación de lugar y de matiz, los mismos problemas de la nueva generación norteamericana. Waldo Frank, uno de los hombres nuevos del Norte, en sus estudios sobre Nuestra América, dice cosas válidas para la gente de su América y de la nuestra.

Los hombres nuevos de la América indo-ibérica pueden y deben entenderse con los hombres nuevos de la América de Waldo Frank. El trabajo de la nueva generación iberoamericana puede y debe articularse y solidarizarse con el trabajo de la nueva generación yanqui. Ambas generaciones coinciden. Los diferencia el idioma y la raza; pero los comunica y los mancomuna la misma emoción histórica. La América de Waldo Frank es también, como nuestra América, adversaria del Imperio de Pierpont Morgan y del Petróleo.

En cambio, la misma emoción histórica que nos acerca a esta América revolucionaria nos separa de la España reaccionaria de los Borbones y de Primo de Rivera. ¿Qué puede enseñarnos la España de Vásquez de Mella y de Maura, la España de Pradera y de Francos Rodríguez? Nada; ni siquiera el método de un gran Estado industrialista y capitalista. La civilización de la Potencia no tiene su sede en Madrid ni en Barcelona; la tiene en Nueva York, en Londres, en Berlín. La España de los Reyes Católicos no nos interesa absolutamente. Señor Pradera, señor Francos Rodríguez, quedaos íntegramente con ella.

IV

Al ibero-americanismo le hace falta un poco más de idealismo y un poco más de realismo. Le hace falta consustanciarse con los nuevos ideales de la América indo-ibérica. Le hace falta insertarse en la nueva realidad histórica de estos pueblos. Él pan-americanismo se apoya en los intereses del orden burgués; el ibero-americanismo debe apoyarse en las muchedumbres que trabajan por crear un orden nuevo. El ibero-americanismo oficial será siempre un ideal académico, burocrático, impotente, sin raíces en            la vida. Como ideal de los núcleos renovadores, se convertirá, en cambio, en un ideal beligerante, activo, multitudinario.