|
No le atrajo a su pincel
la mirada de Atila en el
Danubio,
ni de otros Hunos batidos por
Aecio,
horcas caudinas de recuerdos
ancestrales,
Valentiniano III recagandose
en los verdes pastos
Cataláunicos.
A su trazo no le atrajo
la franca risa de un tirano
ni el brioso filo de la
espada
de un grotesco Adelantado.
Ignoró el galope
de un corcel y su jinete,
a un centauro.
Por su luz y su no luz
ha pasado desapercibido
un buen toro de lidia,
la verónica y cuarto,
y la roja manzana
que Adán y Eva se
desayunaron.
Como Siqueiros y Orozco
no ha ofrecido conciertos en
un huevo
ni le atraen las miradas
de temidas criaturas
fantasmales
que con éxito han reinado
los avernos de un sub-mundo...
Lo sedujo, en cambio, la
mirada de una india,
los pechos de una diosa que
se han mimetizado
en lo volcanes de estos lares...
sus pies,
antípodas,
ahí, descalzos sobre el
lienzo,
el pelo suelto
y la rabia quieta...
Encantado pincel que sueña
con el barro de su tez,
que se teje como hamaca entre
aquel árbol
y los surcos de una milpa.
pincel y sortilegio
de un hombre a veces
martiniano
a veces cófrade Hitita de
pies descalzos
que ha batido contra las
"manos aguadas"
de una historia que alza su
puño rebelde al viento.
Si mi pincel tuviera verbos
simplemente te diría:
Gauguín de mis Ancestros.
|