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YOLOCAMBA I TA La rebelión de la siembra. 1975 - 2004 Música de El Salvador.

chunches, volados y dilindijes

Volado 5

 

"la poesía no es de quien la escribe

sino de quien la necesita"

Pablo Neruda

 

 

 

"... Hermanos, son de nuestro pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: NO MATAR (...)

En nombre de Dios, pues, y en nombre de
este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el
cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les
ruego, les ordeno en nombre de Dios:

¡Cese la represión!" 

(Monseñor Romero, homilía del 23 de marzo
de 1980)

 

 

 

 

Escrito a mis 17 años la Semana Santa de 1980

en San Salvador.
Patricia Elena Morales Tijerino (1962)

recuerdos del 30 de marzo

Voy a contar una historia
Algo que pasó de verdad
Todavía vive en mi memoria
Lo sucedido en Catedral...

En Catedral comenzó su jornada
En Catedral alzó su voz
Catedral es ahora su última morada
A Catedral llega el pueblo
Con su dolor

El 24 de marzo lo asesinaron
El 30 era su funeral
Fue un domingo, Domingo de Ramos,
Domingo de luto
en Catedral
...

Era inevitable
Aquel mar de gente era inevitable
¿Cómo contener a un pueblo herido
por la pérdida de un hijo?
¿Cómo se controla un cuerpo
cuando le amputan un miembro?

El dolor era grande
Siempre duele que se derrame la sangre
Siempre que muere un hijo
Llora la madre

Era inevitable.

Y ellos lo sabían
Los cobardes lo sabían
Y tenían miedo...


Aquel mar de gente
Había venido desde lejos


Desde Aguilares
Desde Chalate
Desde Cojute
Desde San Pedro

Desde todos los rincones
De  nuestro suelo
Llegaron hombres, mujeres y niños,
Jóvenes y viejos
Sacerdotes, religiosas,
Intelectuales y reporteros

Hermanos de otros países
Se unieron a nuestro duelo
Acompañando el lamento
De nuestro pueblo

Aquel mar de gente
Inundaba el centro
Desbordaba las plazas
Las aceras, las calles,
El templo

Largas filas de manifestantes
Venían desfilando
Desde el Parque
Su jornada era de luto
Pero también de combate
Denunciando y condenando
tanta masacre
Al frente de las filas
Iban los obreros
Y con el puño en alto
Y en silencio
Rindieron homenaje
A Monseñor Romero

Los aplausos rompieron el silencio
Al ver llegar tan dignamente
Aquella manifestación
De dolor sincero

La gente reunida
solidariamente
Compartía aquel día
Un riesgo evidente


La rabia de los perros
Esa rabia de muerte
No soportó
nuestro gesto valiente

Su cobardía hizo
Estallar una bomba
Y surgir la ráfaga
Y otra bomba
Y otra bomba

El horror se regó
Y comenzó la estampida
y entre el humo y los gritos
la gente caía

La multitud corrió desesperadamente
Gritando
Temblando
Llorando
Rezando

Aquel mar de gente
Estaba en agonía
Nuevamente
Le asestaban una herida

Decenas de muertos
Fue la respuesta
De los golpes, la asfixia,
Y la metralleta

Las calles quedaron vacías
Solo el dolor vagaba en las esquinas

En medio de la plaza
Esta imagen se prendió en mis pupilas:
Una montaña de pañuelos,
Zapatos, carteras,
Y las palmas esperando
Su agua bendita
...

Mientras tanto
Monseñor Romero
Quedó en su ataúd
Ya no hubo entierro

Y desde algún lugar
Fue mudo testigo
De la masacre de aquel domingo
Seguramente pidiéndole a Cristo
Que no fuera en vano su martirio
...

Los guardias y soldados
No escucharon su llamado
Oyeron la voz de su amo
Cobardemente
Ordenando dar muerte
La mañana de aquel
Domingo de Ramos

 

 

 

 

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