|
Resistiendo a
través de la música
En las calles de El
Salvador, de los difíciles años 70, habían muchos jóvenes con ideas
locas de cómo hacer el mundo diferente. Entre ellos estaban Paulino
Espinoza, Manuel Gómez y los hermanos Franklin y Roberto Quezada
quienes fueron la primera alineación guerrera de “Yolocamba”.
De todos ellos, sólo los hermanos Quezada no han detenido la marcha.
El grupo se encuentra en una nueva etapa musical, pero aún conservan
el mismo espíritu con el que iniciaron el viaje hace casi ya tres
décadas.
Después de la masacre del 30 de julio, algunos de los sobrevivientes
se tomaron la Catedral de San Salvador. Fue ahí adonde los jóvenes
decidieron formar una organización popular que luego recibió el nombre
de Bloque Popular Revolucionario (BPR). El vinculo entre los músicos y
esta organización duraría más de media década.
La juventud salvadoreña de esa época vivió ciertamente una época
difícil, expresarse libremente era un derecho humano que podía tener
costos muy altos. “Tu no podías decir lo que pensabas porque en ese
momento te convertías en un enemigo público. Esta situación era más
difícil para los jóvenes inquietados por el arte, ya que es una forma
de expresión humana adonde no hay tapujos”, dice Roberto.
Yolocamba y otras bandas como “MahuCutah”, “Nahgui” y “Banda Tepeguani”
se colocaron a la vanguardia de la trova salvadoreña. Los músicos de
Yolocamba dicen que trataban de separarse de la tendencia a reproducir
la música andina que era muy popular para ese entonces.
“Nosotros nunca tocamos la quena, ni el charango; en vez de eso
incorporamos la mandolina y la marimba de arco, que son frecuentemente
utilizadas en la música de las comunidades rurales. La marimba de arco
fue prohibida en 1932, el que era encontrado tocando marimba era
fusilado. Esa tradición casi se perdió. Siempre tratamos de buscar
nuestras raíces musicales”, afirman. Es por eso que Yolocamba I Ta,
además de Nueva Trova, pretende hacer etno música.
El sonido de Yolocamba intenta fusionar los ritmos nativos
salvadoreños con géneros como el jazz, rock y blues. Su obra también
está muy influenciada por la poesía de autores nacionales como Roque
Dalton, Oswaldo Escobar Velado, Rafael Mendoza y Claudia Lars.
Yolocamba I Ta recuerda su primer concierto. “Todo inició en el teatro
de cámara – ahora teatro Roque Dalton -, lo interesante es que estaba
lloviendo y habían goteras, fue muy incómodo tocar”, recuerda Franklin
con humor y añade: “Acabábamos de empezar pero teníamos un repertorio
muy sólido, las canciones eran acerca de personajes de las leyendas
populares como la siguanaba, el cipitillo, o de repente, el compadre
guarumo”.
“Tuvimos un vínculo, no sólo como músicos sino como seres humanos, con
el proceso de organización popular. En torno al BPR se quiso organizar
a los artistas. Por eso se creo el Movimiento de la Cultura Popular (MCP).
Eso no fue de la noche a la mañana, trabajamos varios años preparando
eso. Necesitábamos organizarnos, cohesionarnos a un principio de
ideas, a un principio orgánico que nos moviera en el arte en función
social”, explica Franklin.
Las actividades populares no eran pocas y Yolocamba trabajo mucho
afuera y dentro del páis. En el año 1976 el grupo sale de gira a
diferentes países centroamericanos. En 1977, Manuel Gómez, la voz
principal, se separa de Yolocamba I Ta. “Se fue porque el necesitaba
ayudar a su familia económicamente y Yolocamba no le podía dar un
salario. La Fiebre Amarilla sí pudo. Él tenía una voz estupenda”,
comentan.
El trío restante siguió adelante y lograron ganar, en el año 1976, el
“Festival de la Canción“, organizado por Fe y Alegría. “Ganamos el
premio a la mejor interpretación y también a la mejor creación. La
canciones ganadoras se llamaba “Los toritos” y “La Siguanaba” esas
fueron las primeras canciones del grupo. Es interesante porque ahora
ya se nos olvidó la letra. Las tenían grabadas los del Canal 10, pero
fueron quemados”.
Los hermanos recuerdan su primer encuentro con la autoridad.
“Estábamos cantando en las gradas de catedral y desde el palacio de
gobierno nos apuntaban unos soldados desde los balcones... Es una
sensación que te da más fuerza, te da coraje porque te quieren matar
por decir algo que es verdad, por reclamar justicia... derechos.
Tuvimos la suerte de sobrevivir varias masacres. Son tantas y tan
difíciles. Son situaciones en que la vida pende de un hilo, o de la
puntería de un soldado”, medita Roberto.
“El artista, y sobretodo el trovador, es un cronista de su tiempo. Uno
no puede quedarse callado ante la injusticia”, reflexiona Franklin.
Sin embargo, la revolución que Yolocamba apoyaba se distanciaba mucho
de la que hacía el conjunto de organizaciones populares que
conformaban el Frente Farabundo Martí.
La muerte del pastor y la música prohibida
“En Mayo de 1980
nosotros ya éramos perseguidos por los escuadrones de la muerte.
Cuando Monseñor Romero vivía, el fue avisado que nos iban a matar. Muy
a pesar de eso nosotros considerábamos que este era el lugar en el que
había que cantar”, cuenta Roberto. Esa fortaleza, como la de miles de
personas fue golpeada con el asesinato del arzobispo Romero el 24 de
Marzo de 1980.
“Nosotros éramos artistas, salíamos en televisión y pensábamos que no
nos podían hacer nada. Quizá tal vez encarcelarnos. Los escuadrones de
la muerte pasaban frente a nuestras casas. Sacaban los apaga llama de
los fusiles afuera de la ventana. Se estacionaban justo afuera de
nuestras casas. Por ratos tuvimos que andar escapándonos de ellos”.
“Cuando muere Monseñor Romero, dijimos: No importa que seamos
artistas, si lo mataron a él pueden matar a quien sea”. Franklin
interrumpe a su hermano en ese momento y agrega “Fue una tarde gris,
los ojos de toda la gente mostraban temor. El ambiente se llenó de la
adrenalina de todo el mundo. El temor había empezado a reinar”.
En esos días, unos meses después del magnicidio, invitaron a Yolocamba
a un festival en Panamá. “Salimos por tres días. Esos tres días se nos
hicieron muchos años”.
“Estábamos oficialmente prohibidos en este país. En los periódicos
salió una lista negra de artistas. Entre ellos estaba Víctor Jara – ya
muerto -, los hermanos Mejía Godoy de Nicaragua, Daniel Viglietti, Los
Guaraguao y entre ellos estábamos nosotros, era increíble por que para
ese entonces no habíamos grabado ningún disco y ya éramos prohibidos”.
Cerca de esas fechas, el grupo grabó su primer material discográfico.
El disco se titulaba “El Salvador, su canto, su lucha y su victoria
amaneciendo“, en ese disco están las canciones Poema de Amor y Canción
para un niño. El grupo se fue a Nicaragua y el disco fue grabado con
un equipo requisado a la guardia del dictador Somoza cuando triunfó la
revolución Sandinista.
La revolución por todo el mundo
Los músicos de
Yolocamba consiguen elevar su nivel musical al estudiar música en
México y los Estados Unidos. En Cuba comparten escenarios con Alí
Primera, Silvio Rodríguez, Pablo Milanes y otros exponentes de la
nueva Trova.
Llevan su música a lugares como Italia, Inglaterra, Escocia y Holanda.
El grupo realizó una gira por 22 países europeos. También realizaron
una gira de 11.000 k.m. tocando en todos los estados importantes de
Canadá. En México, su base de exilio, el grupo toca por todas las
ciudades importantes y plasma su creatividad con más discos.
Alrededor del año de 1985, el famoso y controversial productor
estadounidense, Oliver Stone, filmaba la película “Salvador”. “El nos
pidió los derechos para usar nuestra música de nuestro primer disco en
su película dedicada a El Salvador. Yolocamba también participó
haciendo la música y asesorando en el rodaje de la película “Romero”,
protagonizada por Raúl Julia”, cuenta Franklin.
Yolocamba participa en la filmación de documentales. Uno de ellos
llamado “El camino de la libertad”. “Ese documental tiene la música
nuestra y fue ganadora de un premio en un festival de cine de Moscú,
la cuál tuvo mención en Canes”. El grupo también tuvo la oportunidad
de alternar las actividades musicales con el lado cultural. “Hacíamos
actividades en ambientes estudiantiles, impartíamos talleres de música
y cultura de América Latina en universidades como la de Oxford, y
universidades Estadounidenses”, relata Roberto.
La popularidad internacional del grupo permitió a los artistas
financiar ciertos proyectos. “Financiábamos a los refugiados internos
que eran desplazados de sus lugares. Nosotros hacíamos campañas
económicas”. El músico confiesa otra cara de la moneda. “No sólo eso,
también el Frente Farabundo Martí aprovechó bastante para fortalecer
sus estructuras “de solidaridad”, en otras palabras, financiamiento
exterior de la guerra.
Roberto cuenta que alrededor del año de 1983 fueron asesinados 4
periodistas holandeses en el país. De casualidad el grupo se dirigía a
Holanda para una presentación. “Cuando nos bajamos del avión nos
invadió un ejército de periodistas preguntándonos acerca de sus
compañeros asesinados. Hicimos una presentación en una importante
cadena de televisión holandesa. Tocamos una canción dedicada a los
periodistas muertos. Al final del programa pusieron – si le quieren
ayudar al pueblo salvadoreño depositen dinero en la cuenta número
“tal” -, en cosa de treinta días habían 30 millones de florines, es
decir alrededor de 15 millones de dólares. Nosotros no controlábamos
ese dinero. Habría que preguntarle a los que lo hacían, si todo lo
hicieron llegar. Sabemos que hubo gente que se aprovechó de eso”. |

Franklin Quezada 2003

Roberto Quezada 2003

|